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Escolaridad en la expatriación

El impacto de la expatriación en el desarrollo personal de los niños

La expatriación ofrece a los niños la oportunidad de descubrir nuevas culturas, nuevos idiomas y nuevas formas de vivir: un impacto aún mayor porque se suma a su propio camino hacia la edad adulta.

Constantin Mardoukhaev

La expatriación es una experiencia que deja una huella profunda en el desarrollo personal de cualquier persona. Ofrece la oportunidad de descubrir nuevas culturas, nuevos idiomas y nuevas formas de vivir. En los más pequeños, el impacto de una expatriación es aún mayor, porque se suma a su propio camino hacia la edad adulta, con una mirada todavía nueva sobre el mundo. Para que aprovechen al máximo la experiencia, es importante preparar bien la mudanza al extranjero en familia.

Desarrollo de la apertura mental

Vivir en el extranjero permite a los niños, pequeños y mayores, descubrir nuevas culturas y nuevos modos de vida. Esto les ayuda a construir una comprensión más amplia del mundo y a volverse más abiertos y más curiosos. Aprenden a mirar la realidad desde perspectivas distintas a las de su país de origen y, de paso, cuestionan los prejuicios que pudieran tener.

Desarrollo de la tolerancia hacia las diferencias

La expatriación pone a los jóvenes en contacto con personas de orígenes culturales muy variados. De forma natural, desarrollan tolerancia hacia las diferencias y aprenden a convivir en armonía con personas que no comparten su cultura, su modo de vida o incluso sus creencias. Adquieren lo que podríamos llamar una “riqueza social” y aprenden a respetar las diferencias de opinión, de convicciones y de costumbres en un entorno que se ha vuelto multicultural.

Desarrollo de la capacidad de adaptación

Una nueva vida en el extranjero sigue siendo un desafío y puede resultar desconcertante para los más jóvenes. Este nuevo capítulo vital exige adaptarse a entornos nuevos, donde lo desconocido aparece bajo todas sus formas. Ese gran salto refuerza la adaptabilidad de los niños: les ayuda a ser más flexibles y a gestionar mejor el cambio. Probablemente sea el primer gran cambio de su vida, y no será el último. Sus competencias se multiplican a lo largo del descubrimiento. Aprenden a adaptarse a situaciones nuevas, a encontrar soluciones a los problemas que se les presentan y a afrontar los vaivenes con mucha más autonomía.

Desarrollo de la autonomía

La expatriación también empuja a los jóvenes a desenvolverse solos en un nuevo entorno. Lanzarse a una conversación en otro idioma, formar un nuevo círculo de amigos con juegos diferentes, mostrarse amables ante lo desconocido… Estos retos tienen que ver con la capacidad de atreverse. Y esa capacidad refuerza la independencia y la autoestima. La apertura mental, el ingenio y la autogestión favorecen a menudo el desarrollo de una personalidad más extrovertida en los hijos de expatriados.

Desarrollo del autocontrol

Con sus distintas pruebas, esta nueva vida puede ser una experiencia estresante y estimulante a la vez. Permite a los jóvenes mejorar su gestión emocional y consolidar su capacidad para manejar lo que sienten. Aprenden a hacer frente al estrés, a gestionar la frustración y a regular sus emociones a través de una infinidad de situaciones que quizá nunca habrían vivido en su país de origen.

Los desafíos de la expatriación

Por supuesto, la expatriación también puede plantear ciertas dificultades a los niños. Como en cualquier mudanza, hace falta un periodo de ajuste. Los niños pueden sentirse aislados, desorientados o encontrarse con barreras lingüísticas, por ejemplo. Es importante acompañarlos y apoyarlos durante esta etapa de transición, y mantener el diálogo abierto con ellos para entender los retos a los que se enfrentan.

Aquí van algunos consejos para ayudarles a sacar el máximo partido de su experiencia de expatriación:

  • Abrirse a nuevas experiencias: animarles a salir de su zona de confort y a explorar nuevas culturas y nuevas formas de vivir.
  • Comunicarse con los demás: esforzarse por hablar con personas de otros orígenes culturales y otros idiomas. Así entenderán mejor la nueva cultura y harán nuevos amigos.
  • Tener paciencia: adaptarse a una nueva cultura lleva tiempo. Nadie debe esperar entenderlo y dominarlo todo de inmediato; este periodo de transición es fundamental y no conviene precipitarlo.

Animarles a atreverse, a ir hacia el otro sin que el miedo tome el control, es esencial. En el día a día de esta nueva vida, lo desconocido no es sinónimo de peligro. La curiosidad y las ganas de descubrir y de conocer gente nacerán, o seguirán creciendo, con el paso de los días.

También se habla de niños de tercera cultura (“third culture kids”): una expresión acuñada por la Dra. Useem en 1960 para describir la integración de la cultura de nacimiento de un niño (la primera) en la cultura del país de acogida (la segunda), dando lugar a un modo de vida único (la tercera), caracterizado por creencias y valores nuevos. Los niños de tercera cultura no se identifican del todo con la cultura de sus padres ni han asimilado por completo la del país de acogida. Crean su propio sistema de valores y de comportamiento, y desarrollan una identidad única influida por varias culturas.

Los hijos de expatriados crecen entre mundos gracias a una educación multicultural que alimenta una gran riqueza interior desde muy pequeños.

La expatriación es una experiencia única y muy enriquecedora, más intensa aún cuando ocurre en plena etapa de crecimiento. Con un poco de preparación y conociendo los desafíos que supone este nuevo comienzo, los niños pueden sacar el mejor partido de una aventura que juega un papel decisivo en su desarrollo personal y en sus ganas de descubrir nuevos horizontes.

Silueta de niños corriendo en la colina

Foto de Rene Bernal en Unsplash

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Puntos clave del artículo

  • Vivir en el extranjero desarrolla la apertura mental y la curiosidad de los niños
  • El contacto con otras culturas fomenta la tolerancia y la riqueza social
  • El cambio de país refuerza la capacidad de adaptación, la autonomía y la autoestima
  • Los desafíos (aislamiento, idioma) piden acompañamiento y diálogo abierto en familia
  • Los niños de tercera cultura construyen una identidad única entre varios mundos
  • Consejos prácticos: abrirse a lo nuevo, comunicarse y tener paciencia